Un Testimonio para compartir

Conversaciones1El hecho de viajar abre nuestra mente favoreciendo el ensanche de nuestro campo de visión. Esto hace que aparezcan distintas y nuevas perspectivas acerca de una misma realidad y como consecuencia de ello, el individuo que experimenta este cambio, se vuelve más libre a la hora de elegir, pues cuenta en su haber con mayor número de posibilidades, a partir de las cuales, hacerlo.

Viajar nos conecta con otras personas, otras culturas, otros lugares, otras formas de comunicar, de expresar emociones, de sentir la realidad,… Otras idiosincrasias, ¡en definitiva!, que al interactuar con las nuestras, despiertan deliberadamente nuestras consciencias haciéndonos caer en la paradoja de cuán diferentes, y a la vez iguales, somos unos de otros (¡independientemente del país que nos vio nacer!) y de cuán interesante resulta, al mismo tiempo, esta diferencia-semejanza que nos invita a aprender, los unos de los otros.

Esta oportunidad para interactuar con personas de otros países, crece aún más cuando el motivo del viaje pasa por colaborar con grupos de trabajo en el desarrollo de habilidades individuales y sociales que favorezcan su crecimiento personal y profesional.

Es entonces cuando caes en la cuenta de que el hecho de haber nacido en un país o en otro puede que te haya provisto de mayor o menor número de recursos a la hora de acometer, por ejemplo, un proyecto de índole social… o de mayor o menor número de dificultades a la hora de tratar, por ejemplo, de ejecutarlo y llevarlo a la realidad. Pero, de lo que no hay duda es de que, haber caído en uno u otro país no te priva de la capacidad innata e ilimitada que todos, como personas que somos, tenemos para cumplir (o en su defecto, aproximarnos a…) nuestros objetivos, ¡por muy complicados que éstos puedan parecer en un principio!

He tenido la suerte de viajar, hace muy poco, para trabajar con personas en la adquisición y fomento de competencias, y comparto aquí con vosotros la satisfacción de haber vivido una grata y enriquecedora experiencia. Puede que no me equivoque al creer que quizás, yo me haya llevado de estas personas más de lo que les he entregado. Destacaría, por encima de todo, la actitud que libremente han decidido adoptar para conmigo y mi mensaje. Una actitud abierta, humilde y de marcado interés sincero.

Comento esto último porque cuando se manejan (como ha sido el caso) distintas modalidades del castellano, es muy común que existan diferentes expresiones para identificar un mismo concepto. Es cierto que en ocasiones estas confusiones relativas al idioma pueden conducir directamente al caos, pero no es menos cierto que cuando uno quiere entender, pone todo su empeño y su buen hacer y creer (libre de prejuicios) en conseguirlo. Ocurre lo propio en sentido inverso, cuando uno desea ser entendido, pone todo su afán en averiguar la forma más adecuada y que mejor se adapta a las personas que le escuchan, para así hacer llegar su mensaje.

Y todo esto es probablemente así porque el objetivo común que, en este caso, une a las personas de ambos lados no es otro que comunicarse, ¡pero no de cualquier manera!, sino de esa forma fluida en la que un mensaje, co-creado por ambas partes, es capaz de viajar de un lado a otro sin desvirtuarse, sin perder un ápice del sentido y del significado que dieron lugar a su origen.

Me fui con la inquietud de que mi mensaje pudiera ser comprendido en el modo y forma necesarios, a mi entender, para sacar buen provecho de él. Me traigo conmigo y a mi país, la certeza de haber logrado transmitir en contenido y forma el mensaje que quería compartir. No obstante, el mérito de este logro ha sido la consecuencia de una actitud compartida cargada de interés sincero. Lo más interesante es que este último no es exclusivo de un país, diría incluso que es patrimonio de todos, pues es un recurso con el que contamos, por lo que la cuestión pasaría por poner algo más de empeño en desarrollarlo. ¡Mejorarías tu comunicación! ¡Mejorarías como persona!

Todos son beneficios: ¿para qué esperar más tiempo?

Te invito a reflexionar por unos instantes…

¿Qué podrías empezar a hacer, desde hoy mismo, para fomentar tu interés sincero en la escucha?

 ¿Qué dificultades encuentras al fomentarlo?

 ¿Qué se  te ocurre hacer para superarlas?

 

¿Preparados para el futuro?

preparados para el futuro2Leía en el XLSemanal, nº1376, un artículo muy interesante y que desde aquí os recomiendo, que versaba sobre los “conocimientos que nuestros hijos debieran dominar para triunfar en 2030”.

El artículo, basado en numerosos estudios elaborados por organismos y entidades de reconocido prestigio, corrobora, una vez más, que para el éxito de los futuros profesionales primará “la capacidad de adaptación a un mercado global cambiante” y que las asignaturas que debieran dominar los trabajadores del futuro son, todas, de índole humano.

El artículo menciona algunas asignaturas humanas a aprender por estos “trabajadores del futuro”: “inteligencia social, capacidad para conectar y empatizar, pensamiento adaptativo para resolver problemas que surgen sobre la marcha, habilidad para crear conceptos abstractos (y buscarles la praxis) a partir de inmensas cantidades de datos, capacidad para entender conceptos de múltiples disciplinas, destreza para filtrar la sobrecarga de información y extraer lo relevante….” 

Comparto con vosotros la inmensa alegría que me produce leer algo así. En mi opinión, para fomentar el desarrollo de una persona en toda su completitud, debiéramos estimular su potencialidad a todos los niveles. No se trata solamente de proporcionar ingentes cantidades de conocimientos académicos, (muchos de los cuales, y por propia experiencia, se acaban olvidando o incluso nunca llegan a utilizarse…), sino que también se trata de invitar a la persona a explorar las múltiples áreas de desarrollo que posee (latentes en su ser) y que esperan una oportunidad para salir, desplegarse y mostrar, cuanto antes, la ilimitada capacidad de quién las libera.

El caso es que somos seres humanos, sociales por naturaleza, y que nos pongamos como nos pongamos, ¡necesitamos de los demás! Por esta razón:

  • Mantener relaciones fluidas con las personas con las que interactuamos día a día y en los diversos contextos que se generan.
  • Conocer nuestras reacciones y emociones y gestionarlas de forma que nos favorezcan en lugar de perjudicarnos.
  • Saber comunicar y al mismo tiempo comprender el mensaje que nos transmite cada cual.
  • Definir objetivos (concretos, tangibles, positivos y motivadores) que nos permitan diseñar estrategias y planes de acción en el corto, medio y largo plazo.
  • Negociar en base a nuestras necesidades y objetivos, siendo capaces de ceder para alcanzar un acuerdo que satisfaga a ambas partes.
  • Tratar de forma satisfactoria y resolutiva los conflictos naturales que se van sucediendo como consecuencia de nuestra vida en común, con otros.
  • Administrar nuestro tiempo para sacarle el mayor partido posible a una vida en la que fluidez y felicidad pueden ir de la mano.
  •  ….

debieran ser algunas de las habilidades humanas a adquirir, también, a lo largo de nuestra vida y como parte de la formación integral de cada persona, para facilitar su completo desarrollo.

Porque, si se cae en la rutina de formar y educar a los seres humanos, en mayor medida, como si de máquinas o robots se tratara.., lo más probable es que se obtengan máquinas o robots, ¡incapaces de pensar por sí mismos!…. Sin embargo, si se forma y se educa, también en humanidad, lo más probable es que se obtengan como resultado personas humanas, capaces de pensar por sí mismas y de aplicar todos sus conocimientos, capacidades y habilidades (académicas y humanas) a la hora de ejercer su libertad y crear su propio destino.

Hoy, os invito a reflexionar sobre una cuestión que podría ayudaros a mejorar como personas:

 

¿Qué habilidades humanas echas en falta, HOY, para convertirte en protagonista y tomar las riendas de tu destino?

 Y si contaras, HOY, con esas habilidades humanas que crees necesitar…

¿Qué serías capaz de lograr con ellas?

“El Tiempo, una medida al alcance de tu gestión”

Reloj2Todos, sin excepción, tenemos tiempo. Sí, has leído bien. Todos tenemos 24 horas al día para hacer lo que queramos/podamos hacer. Y cada una de esas horas nos brinda 60 minutos para concretar aún más, si cabe, cada acción que se nos ocurra o nos encomienden hacer. Hasta ahí, todos somos bastantes semejantes….

La diferencia, entre nosotros, surge al comparar ¿Qué hace, y cómo, cada cual, con el tiempo del que dispone? Unos andan de aquí para allá como si les persiguiera una bestia de la cual parecen no poder zafarse. Otros, por el contrario, andan sosegados y, a diferencia de los anteriores, parecieran haber hecho un pacto, con esa misma bestia, para no ser “molestados” salvo en contadas ocasiones…

Muchas veces me pregunto ¿Qué hace que pidamos algo a alguien que ya tiene en su haber 1.000 tareas contribuyendo a que ahora afronte 1.001 cuando a su alrededor, existen otros, que parecieran no tener nada que hacer o disponer de una lista aparentemente menor? Lo cierto es que lo hacemos y, más cierto es aún que, parece que apostemos bien, pues ¡somos correspondidos!, lo que nos lleva a repetir con la misma persona cuando surge otra ocasión (Lo único que aparentemente hacemos es buscar una respuesta allí donde sabemos que la tendremos garantizada, ¡sin más!…)

Como pasa con todo en la vida, las personas también nos diferenciamos, unas de otras, en lo que se refiere a la relación que mantenemos con el tiempo. Para algunas de ellas esta relación parece ser más que cordial, permitiéndoles disfrutar de lo suyo y los suyos además de cumplir con lo que otros les requieren. Para otros, sin embargo, esta relación parece estar algo maltrecha pues les hace respirar una profunda insatisfacción, independientemente de su procedencia (propia o ajena).

El tiempo es simplemente una medida, por lo que no podemos alargarlo o acortarlo a placer, ¡al menos en el sentido literal de la palabra! Otra cosa es percibir cómo puede andar a paso de tortuga, o volar como una gacela, dependiendo de la situación que atravesemos en cada momento.

Se trata, pues, de administrar lo que tenemos, pero sobre todo la cuestión pasa por establecer con el tiempo una relación que nos permita desarrollar nuestras vidas de la mejor forma posible. Hablo de gestionar una medida universal a nuestro favor y no en nuestra contra. Hacer del tiempo un aliado y no un enemigo. Jugar con él cuando sea preciso y tratarlo con seriedad cuando así lo merezca el momento, la tarea, la situación,…, que estemos viviendo.  

Nos engañamos, entonces, al decir que “No tenemos tiempo”, pues todos disponemos del mismo… Debiéramos, en ese caso, especificar que “No lo hemos gestionado debidamente y/o acorde a las circunstancias del momento”.

Nos engañamos también cuando hablamos de ladrones que nos roban el tiempo, pues cada cual tiene el suyo y es por ello, que debiera “defenderlo”, administrarlo, gestionarlo mejor. Habría que preguntarse, en estos casos, si, en más de una ocasión, puede que uno mismo ejerciera  de  “ladrón”…

No tenemos toda la responsabilidad, ni sobre los sistemas de los que formamos parte, ni sobre las relaciones que establecemos con los demás, ¡es cierto!, pero sí tenemos toda la responsabilidad sobre otras muchas cosas que nos competen y dependen única y exclusivamente de nosotros. Ahí es dónde deberíamos empezar a actuar, desde ese 100% de responsabilidad del que sí tenemos control absoluto.

Gestionar el tiempo es una de las claves de nuestro Desarrollo y Mejora personales. Nos ofrece un abanico de posibilidades a la hora de crecer, pues marca la diferencia entre ser y llegar a ser. Quien gestiona bien su tiempo no sólo llega a ser más productivo sino que también consigue ser más feliz.

¿Cómo mejorar la gestión del tiempo?

 

Existen muy diversas alternativas para ello, no obstante, no deja de ser una cuestión difícil de contestar, pues lo que a unos puede funcionar a otros no. Pero, en mi opinión, es cuestión que pasa, en primer lugar, por reflexionar acerca de varios asuntos:

 

¿Cuál es mi relación actual con el tiempo?

¿Es un enemigo o, por el contrario, es mi aliado?

¿Es una medida que yo mismo gestiono o que dejo que otros gestionen por mí?

¿Fomento una relación de “amistad” con el tiempo o, por el contrario, fallo reiteradamente al dejar en manos de “otros” la responsabilidad de esta relación?

 

Este trabajo de reflexión podría descubrirte las claves para mejorar tu gestión del tiempo…, forma parte de ese 100% de responsabilidad tuya y sólo tuya, sobre la que puedes actuar, por lo que… ¿A qué estás esperando?

Una Declaración de Gratitud

gratitud

Quisiera dedicar este post a las casi 30 personas que asistieron el pasado 25 de Febrero al taller: “¿Cómo se adapta al cambio un superviviente?”, en las instalaciones de la EEC (Escuela Europea de Competencias).

Lo primero, mostraros mi agradecimiento por vuestra enorme participación, pues sin ella, esta experiencia no habría resultado ser como fue. Habría sido de otra forma, ¡de eso no hay duda!, pero lo cierto es que todas y cada una de las personas que acudisteis, con vuestra forma de ser, de sentir y de expresar, plasmada en cada una de vuestras aportaciones, moldeasteis con vuestra impronta todo cuanto aconteció en la sala durante las 3 horas que duró el taller y es por ello que disteis lugar a una experiencia nueva que, si bien pudiera parecerse a otras en algunos detalles, nunca será totalmente igual…¡Gracias!

 Es famoso el dicho: “De bien nacido es ser agradecido”. Agradecer, como sonreír, son acciones que hacen sentir bien, que ayudan a ser más feliz, no sólo a la persona que las realiza sino también a quién las recibe:

 

  • Para quien agradece, es un acto que le honra, pues muestra reconocimiento sincero del favor, bien o beneficio producido por la atención, cuidado o ayuda recibida.
  • Para quien recibe el agradecimiento, es un acto que le ayuda a ser más consciente, si cabe, de la valía implícita en sus gestos y de la utilidad que pueden llegar a tener sus acciones para los demás.

Es por esto último que podríamos concluir que la persona que agradece, contribuye sobremanera al desarrollo y mejora de aquéllos a quienes da las gracias, ya que es capaz con este sencillo gesto, de elevar la autoestima de quienes reciben su agradecimiento, incitándoles a seguir ofreciéndose a los demás tal y como han hecho con él.

Agradecemos algo a alguien

  • cuando nos hace un favor,
  • cuando hace suya nuestra inquietud (¡aunque sólo sea por un momento!),
  • cuando nos ayuda con cualquier acción que no podríamos acometer por nosotros mismos (bien por limitación de capacidad, bien por desconocimiento de alguna cuestión, bien por desgana o apatía,… ),
  • cuando nos respalda,
  • cuando confía en nosotros,
  • cuando nos da una oportunidad
  • cuando nos defiende,
  • cuando nos cuida,
  • cuando nos sonríe,
  • cuando nos acompaña,
  • cuando nos hace feliz,…

¡Hay tantas ocasiones para dar las gracias!

 ¿Qué hace que no demos las gracias en más ocasiones?

¿Puede ser que, a veces, sencillamente pensamos que no es necesario agradecer aquello que “debe” hacerse?

¿Puede ser que, a veces, el cómo ha sentado el agradecimiento a quien lo recibió, nos haya hecho desistir de volver a intentarlo?

¿Qué o quiénes hacen que cambie nuestra interpretación de lo que sencillamente supone “agradecer algo a alguien”?

La declaración de gratitud es uno de los actos lingüísticos (según Rafael Echeverría) que nos ayuda a generar acción por medio del lenguaje. Somos lo que expresamos y nos expresamos tal y como somos, y por el camino, mostrar gratitud, nos ayuda a mejorar, pues eleva nuestra confianza en los demás y hace que estos últimos sean capaces de creer más, en ellos mismos.

Se hace necesario, por esta razón, no perder la oportunidad de seguir evolucionando y contribuir con ello al desarrollo de los demás con este sencillo, y a la vez, valiosísimo gesto que pone de manifiesto el enorme valor y generosidad que existe en las personas que saben dar y que saben recibir, de buen grado, las GRACIAS.

GRACIAS a ti, que ahora lees este Post, porque eres la razón por la que yo lo escribo…

El ejemplo como forma de influencia

<<Una mujer llevó a su hijo en presencia de Gandhi, quien le preguntó que qué quería de él:

“Me gustaría que usted hiciera que mi hijo dejara de comer azúcar”, respondió la madre.

“Vuelve a traerlo dentro de dos semanas” – replicó Gandhi.

Dos semanas más tarde, la mujer regresó con el muchacho. Gandhi se volvió hacia él y le dijo: “Deja de comer azúcar”.

La mujer miró a Gandhi sorprendida y preguntó: “¿Por qué he tenido que esperar dos semanas para que le dijera eso?”

“Hace dos semanas yo también estaba comiendo azúcar” – replicó Gandhi.>>

 

Andaba releyendo uno de mis libros estrella y que, desde aquí, os recomiendo (”La PNL en el trabajo”. Sue Knight), cuando volví a toparme con esta historia que, si en su día ya me inspiró, esta vez volvió a hacerlo e incluso en mayor medida. Tanto es así, que ha favorecido la creación de este post.

Cuando lo leí por primera vez pensé que enseñarle algo a alguien cuando tú lo has experimentado con anterioridad, facilita sobremanera el aprendizaje. Cuando se ha vivido y sentido algo en propia carne, se adquiere habilidad suficiente como para describir paso a paso y detalle a detalle cómo se hizo; qué podría, y no, ocurrir la próxima vez; cómo podría resolverse de otra manera,…, y un sinfín de cosas más, que haría que quiénes observaran y escucharan con atención, trataran de repetir la experiencia, ¡incluso con el propósito de obtener mejores resultados!. Y es que no encuentro mejor forma de influir en los demás, que a través del ejemplo.

¿Cuántas veces has querido parecerte a alguien?

¿Cuántas veces has sentido admiración por la forma en que alguien expresaba lo que quería, o lo que sentía, con suficiente propiedad, elegancia, convicción y con el deseo sincero de compartir contigo su experiencia?

¿Cuántas veces has tratado de emular el comportamiento, la conducta, las acciones,…, que has visto realizar en estas personas, tan sólo por la satisfacción y felicidad con la que eran capaces de impregnar el espacio en el que se hallaban?

¿Cuántas veces el ejemplo observado, te ha influido y te ha hecho ser consciente de que si otros lo hicieron, por qué no ibas a hacerlo tú?

A veces, nos empecinamos en que las cosas se hagan o se digan de una forma determinada, ¡aún cuando nosotros mismos no hemos sido capaces de hacerlas o decirlas de esa manera!. ¿Qué nos lleva a reclamar en otros, actitudes, comportamientos, conductas, acciones,…, que nosotros no hemos sido capaces de abordar? ¿Por qué, para nosotros, sí tiene justificación el no haberlas llevado a cabo en modo, contenido y forma y, sin embargo, para los otros no?

En mi opinión, somos verdaderos expertos en la búsqueda y elaboración de excusas propias, ¡somos virtuosos!, diría yo, y además lo hacemos con una rapidez inusitada. Muchas veces, me pregunto: ¿Qué sería de nosotros mismos y de los demás, si los excusáramos con la misma energía que empleamos en nuestra propia defensa?. Una forma de facilitar esta tarea pasaría por mantener la creencia de que “Cada persona decide lo mejor dentro de sus posibilidades del momento”. Es ésta una de las creencias mantenidas por personas que destacan en lo que hacen y que consiguen con eficacia los objetivos que se marcan. (Una de las conclusiones a las que llega la PNL al estudiar a personas consideradas como modelos de excelencia y, por tanto, ¡a imitar!)

He resaltado mantener porque, aunque esta creencia no tiene por qué ser cierta, sí se debe sostener o presuponer cuando se interactúa con los demás, si se pretende estar un poco más cerca de la excelencia, pues facilitará todo un set de nuevas posibilidades a partir de las cuales, observar e interpretar con nuevos ojos, las acciones y razones, de aquéllos que nos rodean.

Llegados a este punto, resaltar que estamos ante uno de esos casos en los que el pensamiento sistémico alcanza todo su apogeo, pues nuestro desarrollo y mejora personales son capaces de influir en el desarrollo y mejora personales de aquéllas personas a las que inspiramos con nuestro ejemplo. Pero, es que ese efecto causado en los demás ¡también nos será devuelto!, pues nos motivará a seguir trabajando en nuestro desarrollo y mejora, ahora más conscientes si cabe, del poder de nuestra influencia sobre los demás.