
Quisiera dedicar este artículo a todas aquellas personas que HOY se forman para llegar a ser Mediadores. Os animo desde aquí a seguir APRENDIENDO sobre esta apasionante disciplina que posee el poder de CAMBIAR a las personas que deciden optar por resolver sus conflictos a través de la Mediación…
Hay situaciones que requieren ser observadas desde una perspectiva imparcial en la cual no haya ni jueces, ni sentencias, ni culpables, ni inocentes.
Hay situaciones que requieren de la agilidad necesaria para restablecer cuanto antes relaciones que en su día fueron beneficiosas para aquéllos que las mantuvieron, pero que, en un determinado momento, se tornaron complicadas y tan difíciles de manejar por sus “propios dueños“, que fueron abandonadas a su suerte…
Hay situaciones que requieren de niveles de confianza y seguridad suficientes como para abrir nuestro corazón y nuestra mente con la completa convicción de que serán tratados con el debido respeto y consideración.
Hay situaciones que requieren alcanzar un acuerdo consensuado que satisfaga las necesidades e intereses de TODOS, por igual.
Muchas de estas situaciones podrían ser, posiblemente, gestionadas con éxito si fueran conducidas a través de un Proceso de Mediación.
Mediar es el arte que posee todo aquel que sabe ganarse la CONFIANZA de aquéllos a los que decide conducir. Y lo hace por medio de la GENEROSIDAD que pone al servicio de los demás cada vez que ejercita sus habilidades con la Escucha, la Pregunta abierta, la Empatía, la Comunicación, la Asertividad,…,
Con ayuda de este arsenal de recursos, la labor del Mediador consiste en sacar lo MEJOR de las personas, para que sean ellas mismas (y no otros…) las que diseñen SU solución, una solución factible y consensuada que les lleve a resolver SU conflicto desde una nueva y favorable perspectiva: Ganar-Ganar.






