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Cuando el uso se convierte en abuso

Cuando el uso se convierte en abuso
15/11/2016 Sonia Quintanilla

whatsapp1Pertenezco a muchos grupos de WhatsApp como supongo que tú, lector, también lo harás. Lo uso muy a menudo y me parece idóneo para comunicar un mensaje de forma rápida y sencilla. No obstante, cada vez que un simple mensaje ha tenido como consecuencia el inicio de una conversación más compleja, dejo de escribir y llamo de inmediato a la persona…

¡Qué alivio proporciona escuchar una voz, percibir un gesto, sentir una emoción!

Y es que el WhatsApp, como herramienta que es, sirve para muchas cosas, pero está contraindicada para otras.

Por ejemplo, si lo que se pretende es mantener una conversación delicada con otra (u otras) persona, el Whastapp no es la herramienta adecuada. Que nuestros niños digitales, que puede que todavía no hayan percibido las innumerables posibilidades que se derivan de entablar con otra persona una conversación de tú a tú, lo hagan, es una cosa; pero que nosotros, adultos analógicos (aunque, ya inmigrantes digitales 😉 ), lo hagamos, requiere de nuestra atención y acción.

Es cierto que el WhatsApp cuenta no sólo con texto para poder escribir lo que uno piensa, siente y quiere. De hecho, pone a nuestra disposición todo un conjunto de imágenes muy variadas y pertenecientes a muy diversas categorías, que permiten enriquecer nuestro mensaje, en un intento de completarlo con las emociones del momento.

Muchas veces, conseguimos la respuesta que deseábamos por parte de nuestro interlocutor, por lo que nos reafirmamos en seguir usando esta herramienta de la misma forma, con ese y otros interlocutores y para similares, y no tan similares, ocasiones. Como consecuencia de ello, también ocurre que en otras muchas situaciones, no sólo no se obtienen los resultados deseados, sino que la cuestión termina complicándose y complicándonos hasta límites insospechados…

El problema se agrava aún más cuando se trata de comunicar un mensaje a todo un grupo de personas. Si ya de por sí un mensaje se presta a la interpretación del que lo escucha, el asunto se complica cuando son unos cuantos más los que lo leen. Y es que cada cual interpreta según su forma de ser y pensar, según sus prejuicios y sus presunciones, y algo que para uno puede no tener la más mínima importancia, puede resultar molesto, ofensivo o incluso hiriente para otro, y todo eso sin haber introducido en la fórmula la intención del que lo ha escrito…

Escribo este post para que seamos más conscientes si cabe, de que cada herramienta está diseñada para prestar un servicio específico y por eso resulta ser la idónea, si de lo que se trata es de proporcionar ese servicio. Es por esta razón que os animo a sacar provecho del lenguaje ¡en su máxima expresión, verbal y no verbal!. También él, es la herramienta idónea a la hora de realizar el servicio para el que fue diseñado…

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