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Descubriendo mi YO

Descubriendo mi YO
27/12/2013 sq

Autoconocimiento1Una cosa que me ha impactado … es que antes de conocer a los demás, me tengo que conocer a mí mismo”. Esta fue la reflexión que compartió uno de los participantes de un taller en el que trabajamos la resolución de conflictos en el ámbito escolar, y que hoy da entrada a este post.

La pregunta sobre la que hoy te invito a reflexionar es:  ¿Cómo conocer a los demás, sin antes conocernos a nosotros mismos?

Conocernos es, sin duda, una difícil tarea, pues requiere un profundo ejercicio de autocrítica constructiva y grandes dosis de humildad y generosidad para con uno mismo. Se trata de adentrarnos, sin reservas, en un mundo, ¡el nuestro!… (o, al menos, eso creemos nosotros, pues olvidamos que los demás también tienen su propia percepción de “nuestro” mundo y puede ocurrir que ambas percepciones resulten ser bien distintas…)

De lo que no hay duda es de que, independientemente de quién proceda la percepción, en ese mundo nuestro existen muchas cosas que nos gustan y de las que nos mostramos orgullosos, pero también existen un buen puñado de ellas que no dudaríamos en eliminar si tuviéramos a mano una buena goma de borrar, de esas que no dejan huella…. Se trataría, sin duda, de una salida rápida y fácil pero … ¿sería ésta una alternativa a considerar? Debieran responder quienes, en alguna ocasión, decidieron optar por ella.

El caso es que la realidad nos demuestra una y otra vez que, aún cuando algunos se afanan por ocultar ciertos aspectos que no les agradan de su mundo, lo cierto es que, al final, éstos acaban emergiendo de la forma más accidental e inesperada que pudiéramos imaginar…

¿Cómo, pues, resolver esta “molesta” cuestión?

Aceptar nuestro lado “bueno” es cosa sencilla. El asunto se complica cuando se trata de aceptar aquello que no nos agrada tanto, nuestro lado “menos bueno”. Sin embargo, este “otro” lado de nuestro YO, es tan importante como aquél del que estamos orgullosos, pues ¡también nos identifica!, ya que integra nuestro ser, completando nuestra identidad. No seríamos lo que somos sin él, pero tampoco llegaríamos a ser lo que queremos ser, sin contar con él. Lo cual nos llevaría a concluir que este lado “menos bueno” representa, sin duda, una parte de nuestra potencialidad.

Como suele ocurrir con un paciente, hasta que no se diagnostique una enfermedad, no se puede prescribir el tratamiento que mejor se adecúe a su dolencia, por lo que y, aplicado al caso que nos ocupa, si no reconocemos ese lado, menos bueno, que también nos caracteriza, no podremos ponernos manos a la obra para mejorar, cuanto antes, y de la forma que mejor se adecúe a nuestros objetivos, nuestras vulnerabilidades y/o carestías.

Esta actitud que conlleva el reconocimiento y la aceptación de uno mismo, tal como es, no hará sino contribuir a elevar nuestra autoestima pues seremos más conscientes de:

  • nuestra valía, al conocer y aceptar la existencia de fortalezas que nos aportan valor, a nosotros mismos, y a las personas con las que nos relacionamos;
  • nuestra capacidad, al conocer y aceptar la existencia de debilidades que podemos mejorar, para seguir evolucionando y favorecer así, nuestro Desarrollo, personal y profesional.

Y ya que eres libre para elegir la alternativa que más te convenga, ¿a qué esperas?…

¿Optas por esconder, en el lugar más recóndito imaginado, todo aquello que te “molesta” de tu persona, o, por el contrario, eliges enfrentarte a ti mismo y conocer hasta dónde podrías llegar con los “mimbres” de que dispones?

 

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