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El Sufrimiento, ese saboteador insaciable

El Sufrimiento, ese saboteador insaciable
22/09/2011 sq

Me piden que escriba sobre el sufrimiento y en la solicitud me especifican que lo haga concretamente sobre su inutilidad. Me pongo a ello enseguida, pero no dejo de pensar que lo más interesante de esta solicitud es, quizás, que alguien, tras convivir con este saboteador insaciable, se ha rebelado contra él, ha luchado y ha vencido.

Empezaría por preguntar: ¿Qué es lo que nos hace sufrir?.

Sufrimos si no somos, ¡pero también cuando somos!.

Si no estamos, ¡pero también cuando estamos!.

Sufrimos si no nos quieren, ¡pero también cuando nos quieren!.

Si no vamos, ¡pero también cuando vamos!.

Sufrimos si no llegamos, ¡pero también cuando llegamos!.

Si no expresamos, ¡pero también cuando expresamos!,…, ¡Hay tanta variedad de sufrimiento como formas de descifrar cada realidad!. Cada cual interpreta a su manera y desde su propia perspectiva, y lo que para unos es tremenda alegría, para otros, se torna tremenda desgracia, pero lo único cierto de todo esto es que nadie (¡al menos, nadie que conozcamos!), quiere sufrir…

Según el Diccionario de la Lengua Española, sufrir, en su segunda acepción significa: “Sentir un daño moral”. He escogido este significado porque creo que puede ayudarnos a comprender la posibilidad de que cada cual sufra a su manera, por sus motivos, según su tiempo de duelo y siempre acorde a su umbral. No obstante, creo necesario resaltar algo que pienso que podría considerarse común en el proceso de sufrir y es que, suele reducir poderosamente nuestras defensas, golpeando sin piedad nuestra autoestima, desafiando con todo su armamento nuestra confianza y nuestra seguridad y luchando hasta tal punto contra nosotros que acabamos incluso alimentándolo, al resignarnos y entregarnos a él con toda nuestra vulnerabilidad.

Pero en toda contienda siempre hay, al menos dos contrincantes, y es por ello que lo que más me ha gustado, sin duda alguna, de esta solicitud ha sido la especificación final, “… sobre su inutilidad…”. Porque esta vez las fortalezas vencieron a las debilidades y en el proceso liberaron a la autoestima, a la confianza y a la seguridad, mucha o poca ¡da igual!, ¡eran suyas y en su justa medida! y es por ello que nuestro solicitante acabó, reclamándole al sufrimiento, su legítima propiedad.

¿Cómo describirías la contienda en tu proceso de sufrir? ¿Qué sientes cuando sales victorioso, como nuestro solicitante, tras la lucha?

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