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Inmovilismo…

Inmovilismo…
16/12/2013 sq

InmovilismoEl otro día y, tras celebrar un taller sobre Comunicación, enviaba a los participantes un correo sugiriendo la realización de una tarea consistente en “retomar una conversación pendiente”.

¿Quién no tiene algo que decir o hacer y que, todavía no ha dicho, ni ha hecho?

Aún cuando sabe que debería decirlo o hacerlo, lo cierto es que no termina encontrando ni el momento, ni el lugar y, al final, prevalece la decisión de posponerlo, como si el tiempo fuera capaz de resolverlo…

Como respuesta a mi sugerencia, uno de los participantes compartía sus reflexiones conmigo y me escribía acerca del inmovilismo que, a veces, se observa por parte de los que reciben nuestras explicaciones y ello me indujo a escribir este post, en el que me gustaría compartir con vosotros estas reflexiones en voz alta.

Este inmovilismo, que puede que alguno de los que hoy leéis este post hayáis experimentado alguna vez, podría responder a que no se recibe por parte del “otro” lo que esperábamos, o bien, a que se recibe, pero no en la medida en que esperábamos recibirlo. En ambas situaciones parece que se compare lo realmente recibido con un patrón propio que nos llevaría a cuestionarnos el hecho de que si hemos dado en una medida “específica”… ¿por qué no recibimos, al menos, en la misma?

Es del todo natural esperar que un esfuerzo se devuelva con otro, o bien, que una cesión se devuelva con otra. No obstante y, en lo referido a la “medida” en la que se devuelve… ¡eso ya es otro cantar! Cada cual es fiel a sus propios modelos mentales (creencias, valores) y lo que uno considera realmente importante, bien puede ser considerado sólo importante, por parte del otro.

¿Puede este hecho causar frustración?

Podría, si lo que espero no concuerda con lo que recibo, o interpreto recibir, es decir, si mi mente ha echado mano de histórico y descifra como inválido todo aquello que se sale de “sus” esquemas.

Y es que cuando se trata de interactuar con los demás y la comunicación es una de esas interacciones, se hace necesario contar con una mente abierta y, a ser posible, en blanco. Cuestión ésta, bastante dificultosa, ¡cierto!, sin embargo, del todo necesaria para mirar con otros ojos y sentir con otras emociones.

Llegados a este punto y, dado que se trata de hacer lo que esté en nuestras manos para seguir mejorando y continuar con nuestro Desarrollo (personal y profesional), lanzo “al aire” las siguientes preguntas que, yo misma, me hago.

¿Puede que, a veces, demos sin generosidad suficiente, es decir, esperando recibir algo similar a lo que damos?

¿Puede que, a veces, no definamos bien el objetivo que pretendemos alcanzar tras una conversación?

Existen, a mi entender, demasiadas ocasiones en las que arrancamos una conversación sin haber trabajado antes lo que pretendemos conseguir con ella, para nosotros y para los demás. Satisfacer nuestras inquietudes y deseos es tan importante como que queden satisfechos los de las demás partes implicadas.  La cuestión pasaría por mostrar un INTERÉS verdadero por la otra parte, pues:

¿Cómo es posible devolver indiferencia o “inmovilismo” ante un reconocimiento sincero?

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